Los ojos

Ezra Pound, Idaho, EUA

Descansa, Maestro, pues que estamos cansados,
cansados, y podríamos sentir los dedos del viento
sobre los párpados que se nos cierran
húmedos y con peso de plomo.

Descansa, hermano, pues ¡ved! ¡el alba!
Palideció la llama amarilla
y con lentitud la cera se derrite.

Libéranos, pues fuera hay hermosos colores,
verde musgo y teñidas flores,
y frescura bajo los árboles.

Libéranos, pues parecemos
que en esta siempre fluyente monotonía
de feas marcas de impresión,
negras soble blanco pergamino.

Libéranos, porque hay alguien
cuya sonrisa es más provechosa
que todo el viejo saber de tus libros,
y allí nos gustaría verla.


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