Correspondencias


Charles Baudelaire (1821-1867), París, Francia



Nuestro mundo es un templo de pilares vivientes
que susurran, a veces, imprecisas palabras;
pasa el hombre a través de una selva de símbolos
que le observan con mil familiares miradas.

Como alargados ecos, que a lo lejos se funden
en una tenebrosa y profunda alianza,
grande como la noche y como el mediodía,
perfumes y colores y sonidos se llaman.

Hay perfumes lozanos como la piel de un niño,
dulces como el oboe, verdes como la grama.
_Y otros son corrompidos, ricos y triunfadores

como el benjuí, el incienso, el almizcle y el ámbar,
que tienen un afán de cosas infinitas
y cantan los delirios del sentido y del alma.



Versión de Esteban Torres en 33 poemas simbolistas, Visor Libros, 1995
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