20.000 leguas de viaje submarino


Leopoldo María Panero (1948), Madrid, España



Como un hilo o aguja que casi no se siente
como un débil cristal herido por el fuego
como un lago en que ahora es dulce sumergirse
oh esta paz que de pronto cruza mis dientes
este abrazo de las profundidades
luz lejana que me llega a través de la inmensa lonja de
      la catedral desierta
quién pudiera quebrar estos barrotes como espigas
dejad me descansar en este silencioso rostro que nada
      exige
dejadme esperar el iceberg que cruza callado el mar sin
      luna
dejad que mi beso resbale sobre su cuerpo helado
cuando alcance la orilla en que sólo la espera es posible
oh dejadme besar este humo que se deshace
este mundo que me acoge sin preguntarme nada este
mundo de titíes disecados
morir en brazos de la niebla
morir sí, aquí, donde todo es nieve o silencio
que mi pecho ardiente expire tras de un beso a lo que
      es sólo aire
más allá el viento es una guitarra poderosa pero él no
      nos llama
dejadme entonces besar este astro apagado traspasar el
      espejo y llegar así adonde ni siquiera el suspiro es
      posible
donde sólo unos labios inmóviles
                                       ya no dicen o sueñan
y recorrer así este inmenso Museo de Cera deteniéndome
      por ejemplo en las plumas recién nacidas
o en el instante en que la luz deslumbra a la crisálida
y algo más tarde la luna y los susurros
y examinar después los labios que fulgen
cuando dos cuerpos se unen formando una estrella
y cerrar por fin los ojos cuando la mariposa próxima a
      caer sobre la
tierra sorda quiere en vano volver sus alas hacia lo verde
que ahora la desconoce



De   Así se fundó Carnaby Street, Huerga y Fierro Editores, 1999
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