El aire...



Lucía Estrada (1980), Medellín, Colombia



El aire se abrió lentamente con el sonido de las campanas, y en los cuartos,
cada cosa ocupó su lugar y su nombre, revelando de las palabras
su extraño alfabeto.
Entonces todo era posible bajo esa luz de invierno que dibujó tu rostro.
¿Quién habita en esta tierra precedida por el ángel?
¿Quién dispuso los vasos en los que beberíamos el fervor de una pregunta?
Señalaste tras la ventana un jardín cerrado,
y en él un estanque vacío esperando por mis ojos. Era preciso
mirarlo con atención antes de que se diluyera en la penumbra.
Estábamos inmersos en el paisaje, y las voces del jardín venían desde adentro,
y las formas encontraban entre sí  su correspondencia.
Algo dijiste del vacío, y a lo lejos,
la fuente brilló en su propia oscuridad.
Esto es lo que soñamos. Hundirnos en la transparencia
y en el movimiento de la luz. Ella recorre paciente lo que para nosotros
había perdido su misterio. Aquí están todas las cosas recién descubiertas,
y el mundo, cada vez más liviano, cada vez más pleno de sí mismo,
cada vez más verdadero.
Puedo escuchar el rumor de las puertas que se abren
para conducirnos a otro silencio, y cómo cavamos en él
aunque las cuerdas de la voz se hayan debilitado.
El estanque se cubrirá de agua. Puedo presentirla.
Es oscura y asciende hasta tus ojos llenándote de extrañeza.
Pero delante de ti, nada perderá su claridad.
Deja que tu corazón entable cercanía con la muerte,
que allí también encontrarás presencias luminosas.
Será entonces como si nunca
te hubieras apartado del camino: “El resistir lo es todo”.



De   La noche del espejo, 2010  en La Raíz Invertida