Oda al tiempo


Pablo Neruda (1904-1973), Parral, Chile


Dentro de ti tu edad 
creciendo,
dentro de mí mi edad 
andando.
El tiempo es decidido, 
no suena su campana, 
se acrecienta, camina, 
por dentro de nosotros, 
aparece 
como un agua profunda 
en la mirada 
y junto a las castañas 
quemadas de tus ojos 
una brizna, la huella 
de un minúsculo rio, 
una estrellita seca 
ascendiendo a tu boca. 
Sube el tiempo 
sus hilos 
a tu pelo, 
pero en mi corazón 
como una madreselva 
es tu fragancia, 
viviente como el fuego. 
Es bello
como lo que vivimos 
envejecer viviendo. 
Cada dia
fue piedra transparente, 
cada noche 
para nosotros fue una rosa negra, 
y este surco en tu rostro o en el mío 
son piedra o flor, 
recuerdo de un relámpago. 
Mis ojos se han gastado en tu hermosura, 
pero tú eres mis ojos. 
Yo fatigué tal vez bajo mis besos 
tu pecho duplicado, 
pero todos han visto en mi alegría 
tu resplandor secreto. 
Amor, qué importa 
que el tiempo, 
el mismo que elevó como dos llamas 
o espigas paralelas 
mi cuerpo y tu dulzura, 
mañana los mantenga 
o los desgrane 
y con sus mismos dedos invisibles 
borre la identidad que nos separa 
dándonos la victoria 
de un solo ser final bajo la tierra.



De  Odas elementales   en    Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea 1914-1970, Alianza Editorial, 1973
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