Anochecer en la cafetería













Joan Vinyoli (1914-1984), Barcelona, España


I

Es una pesadilla tener siempre en el cajón,
a mano, guardada, la ampollita
de cianuro por si me urgiese usarlo,
ante la absurdidad del universo
o del hombre, inútil preguntador
en el orden imaginado por el demiurgo.

Detenida la sangre, ya no sería necesario
cerrar y abrir nunca más la puerta
carcomida ni tampoco encender fuego,
que el estofado de la vida tiene mal gusto,
ni hacerme la cama, ni nada.

                                                 Liberado del hambre,
de placeres y de dolores, ¿qué soy, finalmente?
Aquí no valen conjeturas. Metafórico
con todo menos con la muerte, ya responderán los gusanos
en las tinieblas.
                          Ahora sólo sé que tengo
dentro de mí estallidos, umbráculos de recuerdos,
incendios metalúrgicos y tucanes de vuelo
silencioso y suave que me hablan de una selva
remota. ¿Pero el ave del paraíso,
enjaulada? ¿Y todos nosotros, qué?
Enjaulados también.
                                  ¡Qué punzante añoranza
de un sol perpetuo y de un gran lugar abierto
donde vivir siempre!
                                  Que el tejón nos abrigue
cuando es invierno y el gordo hipopótamo
nos lleve, en el tiempo cálido, a los ríos donde se remoja.

II

No siempre las etapas de la vida
se acaban como los árboles que huyen, nítidos,
al viajero que mira con ojos cansados,
puesto el corazón en la ciudad cercana,
un cielo de transparencia matinal
o un áspero fondo de rocas, moderado
por una puesta grande y fastuosa.

Descarrilado en una curva, el tren
se precipita desde lo alto de un risco.
De entre montones de chatarra se levantan hombres
a vivir en la incomodidad de su último invierno:
el ejecutivo, el incendiario, el santo,
la bailarina, el pobre, el insensato,
en la sucia destrucción que humea.

Ah, si entonces, como de un inmenso brasero
de solidaridad, ardiese un fuego,
¿qué no diríamos de este gran dolor
que nos nubla siempre el pensamiento?
Levantemos, pues, una tienda contra el viento,
seamos un simulacro del amor
y acabaremos por ser tan sólo amor.


En La mano del fuego. Antología poética, Candaya, Barcelona, 2014
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